jueves, 14 de marzo de 2013

Chávez, el venerador de héroes, por Francisco Martínez Hoyos


A veces, las palabras se retuercen hasta perder todo atisbo de significado. Lo demostró el recientemente fallecido Hugo Chávez al hacer bandera de una supuesta “revolución bolivariana”, sin dejar claro la pertinencia del adjetivo para la misma.

Simón Bolívar, el modelo indiscutido de su régimen, se convertía en un icono omnipresente. En las calles de Caracas se contemplaban murales con su retrato, con el de Francisco de Miranda, otro prócer de la independencia, y con el del Che Guevara.

No hace mucho, el mandatario venezolano presentaba una reconstrucción del rostro enjuto y nervioso del Libertador, seguramente bastante fiel, a juzgar por los retratos conservados. En esto, no hacía más que continuar el culto bolivariano que ha caracterizado a su país desde sus inicios. El padre de la patria viene a tomar el lugar de Dios, ofreciendo no sólo un relato consolador del pasado, también una promesa de futuro con la que espolear a los ciudadanos-creyentes, a quienes se propone un guía infalible como fuente de inspiración.

Así, los subordinados de Chávez, en los ejercicios militares, empezaban el día con una reflexión extraída de un libro de citas de Bolívar, convertido, por extraño que parezca, en un equivalente tropical del Libro Rojo de Mao. Es decir, en el libro sagrado de una religión política. (Del  Blog: Anatomía de la Historia)

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